La solidaridad médica cubana se consolida como un bastión de resistencia frente a la geopolítica sanitaria impuesta desde Washington. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ha levantado la voz para defender con firmeza el acuerdo bilateral que mantiene a más de 3.000 profesionales de la salud cubana trabajando en 570 municipios de su país. Esta alianza, que Washington intenta desmantelar mediante presiones a gobiernos latinoamericanos, representa un modelo alternativo de cooperación sur-sur que desafía la lógica neoliberal en materia de salud.
Sheinbaum recordó el papel crucial que desempeñaron los médicos cubanos durante los momentos más críticos de la pandemia, cuando llegaron a territorio mexicano en condiciones de extrema dificultad. Hoy, estos profesionales cubren vacantes en zonas rurales y remotas donde históricamente ha existido un déficit de personal médico especializado. La mandataria fue categórica al desmentir las acusaciones sobre irregularidades en los pagos: "Se les paga lo que se les tiene que pagar", afirmó, cerrando filas contra las campañas de desprestigio orquestadas desde el norte.
La cooperación trasciende la presencia de brigadas médicas. México ampliará los servicios para tratar el pie diabético mediante el uso del Heberprot-P, medicamento innovador desarrollado por la biotecnología cubana que evita amputaciones. Cada día, 75 mexicanos pierden una pierna o pie por complicaciones de la diabetes, y este tratamiento representa una alternativa concreta que el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado implementará en coordinación con Cuba.
Los números hablan por sí solos: más de 7.5 millones de consultas, 114.000 cirugías, 280.000 sesiones de diálisis y cerca de 65.000 estudios de alta tecnología realizados por la brigada médica cubana en México. Estas cifras contrastan con la retórica del régimen Trump, que presiona a países como Honduras, Jamaica y Guatemala para que cancelen sus convenios con la isla. Sheinbaum vinculó esta cooperación a los principios del "humanismo mexicano", reafirmando el envío de ayuda humanitaria a Cuba pese al recrudecimiento del bloqueo estadounidense.
Esta alianza médica representa más que un simple intercambio de servicios: es un acto de soberanía sanitaria que prioriza el derecho a la salud sobre los intereses geopolíticos. En un contexto donde el acceso a medicamentos y tratamientos se mercantiliza, México y Cuba tejen redes de solidaridad que demuestran que otra cooperación internacional es posible, una basada en la complementariedad y no en la subordinación.