Para Lidia Ferrer Paredes, militante de la Confederación Nacional de Mujeres del Campo (CONAMUCA), el Día de la Mujer Negra Latinoamericana y Caribeña no es motivo de celebración. “Es un día de resistencia y de lucha”, dice esta campesina que lleva cuatro décadas peleando por tierra e igualdad en República Dominicana. El 15 de julio de 2026, mientras las organizaciones de CONAMUCA entregaban una carta al Congreso exigiendo la aprobación de las tres causales para despenalizar el aborto, Lidia denunció que son las mujeres pobres del campo las que mueren por la falta de ese derecho.
CONAMUCA nació en la lucha por la tierra, los servicios y la salud, y hoy articula federaciones en todo el país dentro de la Marcha Mundial de las Mujeres y la CLOC-Vía Campesina. Su agenda incluye soberanía alimentaria, prevención del embarazo adolescente y la reforma agraria. “Una sola golondrina no levanta tempestad”, resume Lidia, explicando que la clave está en caminar juntas y sumar a las jóvenes para el relevo generacional.
El racismo y la persecución migratoria marcan el presente. Cada mes, más de 10 mil personas son deportadas, muchas de ellas dominicanas de ascendencia haitiana a quienes les arrancaron la nacionalidad y quedaron en la apatridia. “Compañeras embarazadas han muerto dando a luz por miedo a ir a los hospitales”, denuncia Ferrer Paredes. Las redes sociales y los medios impulsan el enfrentamiento entre República Dominicana y Haití, invisibilizando la solidaridad histórica entre ambos pueblos.
Frente al avance de las derechas y la presión del imperio estadounidense, la militante llama a retomar la formación política para entender cómo el capitalismo y el patriarcado nos arropan. Con la llegada de Trump se agudizó la intervención: “El capitalista principal no nos deja avanzar en los procesos”. La agroecología aparece como herramienta de autonomía frente a un Estado que obliga a sembrar lo que el imperio quiere y hasta quema las cosechas que no autoriza.
Para Lidia, la resistencia es un asunto de sangre y corazón. “No estamos solas”, repite. En las articulaciones con Haití, Puerto Rico y Cuba, y en los espacios de la Vía Campesina, las mujeres negras del Caribe construyen sororidad y justicia social. El camino es poner la vida en el centro, la de las personas y la de la biodiversidad, contra un sistema que mata. Como dice ella, hay que estar todas juntas para avanzar.