México se prepara para el Mundial de fútbol, pero no todo es fiesta. Mientras las grandes empresas y la FIFA se llenan los bolsillos, la población trabajadora enfrenta desalojos, precarización y un Estado que mira para otro lado. "Comercio sí, desalojo no", gritan los vendedores ambulantes de la Ciudad de México, cuyos puestos de trabajo están en peligro por las obras de "embellecimiento" para apenas nueve partidos. El pueblo está abandonado, denuncian, mientras se invierte una fortuna en infraestructura que solo beneficia a unos pocos.
A casi 2.000 kilómetros, en Ciudad Juárez, la realidad es igual de cruda. Ahí, el Centro Juvenil Casa ofrece refugio a jóvenes atrapados entre el narcotráfico, las pandillas y la falta de oportunidades. Muchos llegaron con la ilusión de cruzar a Estados Unidos, pero ya perdieron la esperanza. "Ya no tengo la esperanza de cruzar", dice uno de ellos. En ese contexto, el deporte aparece como un salvavidas, pero no alcanza para tapar la podredumbre de un sistema que descarta a toda una generación.
Las violaciones a derechos humanos no son un accidente, son la regla. Con 133 mil personas desaparecidas según el registro oficial, el país es un cementerio de impunidad. "Mi hermano tiene 10 años desaparecido y por eso él no puede asistir al Mundial", clama una familiar. Mientras las autoridades no buscan a nadie, las familias organizan sus propias brigadas de búsqueda con el apoyo de centros como Paso del Norte. La fiesta del fútbol no es más que un espejismo que intenta ocultar la tragedia cotidiana de un pueblo que exige justicia.
Video "México y los Derechos Humanos" publicado por Frayba Derechos Humanos: