El régimen conservador de Texas logró una victoria judicial que consolida su proyecto teocrático en las escuelas públicas. Un tribunal de apelaciones validó la ley que obliga a exhibir los Diez Mandamientos en todas las aulas, marcando un retroceso histórico en la separación entre iglesia y estado. Esta decisión del Quinto Circuito, dominado por jueces de línea dura, representa el triunfo de una agenda que busca convertir las instituciones educativas en espacios de adoctrinamiento religioso.
Los grupos defensores de libertades civiles denuncian que esta imposición viola principios constitucionales fundamentales. La ACLU y organizaciones de familias afectadas expresaron profunda decepción ante un fallo que pisotea derechos básicos. El argumento oficial de que los mandamientos tienen "valor histórico" resulta una excusa transparente para imponer una visión religiosa particular en espacios que deberían ser plurales y laicos.
Esta ofensiva no es aislada: Arkansas y Louisiana ya implementaron normas similares, creando un patrón regional de avance teocrático. El fiscal general de Texas, Ken Paxton, celebró la medida como "una victoria para nuestros valores morales", revelando la verdadera intención: usar el aparato estatal para promover una agenda religiosa específica. Las injunciones judiciales que habían protegido a dos decenas de distritos escolares fueron anuladas, permitiendo que los dogmas religiosos invadan más aulas.
La batalla ahora se dirige a la Corte Suprema, donde los sectores progresistas enfrentan una mayoría conservadora dispuesta a reescribir décadas de jurisprudencia sobre libertad religiosa. Este caso expone cómo la derecha utiliza el sistema judicial para imponer su visión del mundo, erosionando principios democráticos básicos. La educación pública, que debería formar ciudadanes críticos y plurales, se convierte en campo de batalla para proyectos teocráticos que recuerdan los peores momentos de la historia.