Con la isla atravesando un momento crítico, la 24ª Reunión Internacional de Partidos Comunistas y Obreros se convirtió en un escenario de denuncia y organización. La cita, celebrada en La Habana a principios de mes, encontró a Cuba lidiando con un nuevo colapso de su red eléctrica nacional el 3 de agosto, el tercero en seis meses. La escasez de combustible, que ha paralizado fábricas y transporte, fue señalada como el resultado directo de la campaña del régimen Trump para asfixiar económicamente a la nación caribeña.
Anita Waters, secretaria de Organización del Partido Comunista de Estados Unidos, tomó la palabra el 8 de agosto para trazar un mapa de la agresión imperial. En su discurso, Waters conectó la guerra genocida contra Gaza con la ofensiva ilegal en Medio Oriente y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores en Venezuela. La dirigenta denunció que, tras esos actos, se impuso un bloqueo energético contra Cuba que causa sufrimiento y muerte. También vinculó esta política exterior con una represión doméstica feroz, mencionando el despliegue de tropas federales en ciudades y las deportaciones masivas de migrantes.
A pesar del panorama sombrío, Waters resaltó un cambio de marea: el socialismo gana popularidad entre la juventud estadounidense y el partido crece con números récord. Mencionó victorias progresistas en varios estados y la histórica adhesión de la AFL-CIO al Día del Trabajo, junto a marchas masivas contra el autoritarismo. Su cierre fue un llamado directo a la acción colectiva: es el momento de construir un frente antifascista mundial y profundizar la cooperación entre todos los partidos comunistas y obreros.
La declaración final del encuentro recogió ese espíritu, exigiendo el fin del bloqueo “genocida e inhumano” y la remoción de Cuba de la lista de patrocinadores del terrorismo. El plan de acción aprobado incluye movilizaciones ante embajadas de EE.UU., solidaridad con el pueblo palestino y una agenda de lucha que se extiende hasta 2027, marcando el aniversario de la victoria sobre el nazismo y la Revolución de Octubre. La solidaridad internacionalista se tradujo, una vez más, en un plan concreto de resistencia.