URUGUAY AVANZA CONTRA EL PATRIARCADO EN LOS APELLIDOS
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URUGUAY AVANZA CONTRA EL PATRIARCADO EN LOS APELLIDOS

(★) .- El Senado uruguayo derriba una tradición centenaria que privilegiaba automáticamente el apellido paterno.

El Senado de Uruguay aprobó por unanimidad una reforma histórica que elimina la preferencia automática del apellido paterno en la identificación de los hijos. La iniciativa, impulsada por el Frente Amplio con apoyo transversal, modifica el artículo 27 del Código de la Niñez y la Adolescencia, estableciendo que los padres podrán decidir de común acuerdo el orden de los apellidos al momento de la inscripción. Si no hay acuerdo, el orden se definirá por sorteo ante el oficial del Registro Civil.
La senadora Bettiana Díaz del Movimiento de Participación Popular destacó que este cambio responde a reclamos históricos de organizaciones feministas y de derechos de la niñez. La reforma introduce neutralidad total en la asignación de apellidos, eliminando cualquier sesgo de género que pudiera influir en la identidad del menor. Además, permite a familias formadas por dos mujeres inscribir a sus hijos con los apellidos de ambas madres sin distinciones previas.
La legislación uruguaya mantenía hasta ahora una tradición patriarcal que daba prioridad automática al apellido del padre. Esta corrección del desequilibrio histórico representa un avance significativo hacia la igualdad de género en la identidad de las personas. El proyecto cuenta con voluntad política para avanzar rápidamente en la Cámara de Diputados, donde se espera que obtenga los votos necesarios para convertirse en ley. El orden elegido para el primer hijo regirá para todos los hermanos siguientes, estableciendo coherencia familiar.
Esta transformación legal cuestiona estructuras sociales arraigadas que naturalizaban la supremacía masculina en la construcción identitaria. La reforma no solo otorga autonomía a las familias, sino que desmonta simbólicamente jerarquías de género que han operado durante generaciones. La neutralidad en los apellidos refleja una sociedad que avanza hacia relaciones más equitativas, donde la identidad no se construye sobre privilegios heredados del patriarcado.