El miércoles 29 de abril, una caminata desde la Puerta de la Ciudadela hasta el Cuartel de Dragones, en Montevideo, rindió homenaje a las mujeres y niños indígenas que fueron trasladados a pie tras la masacre de Salsipuedes en 1831. La actividad, organizada por el Área Indígena de Derechos Humanos y Políticas Sociales del PIT-CNT, culminó con un acto en la cancha de la liga Guruyú, en Ciudad Vieja.
Fernando Vaz, activista e integrante del área, explicó que el objetivo fue visibilizar una parte silenciada de la historia nacional. Según la historiografía oficial, en el ataque murieron 40 charrúas y 300 fueron tomados prisioneros. Pero el horror no se detuvo ahí: mujeres y niños fueron encadenados y obligados a caminar por el territorio. Muchas mujeres fueron entregadas a estancias durante el trayecto; los niños, derivados a orfanatos. Los últimos contingentes llegaron a Montevideo y fueron repartidos en los alrededores del Cuartel de Dragones, hoy señalado como sitio de memoria.
Vaz subrayó que estos hechos se inscriben en el proceso iniciado en abril de 1831 bajo el mando de Fructuoso Rivera, extendiéndose hasta mayo, cuando las últimas mujeres fueron distribuidas entre familias de la élite. Existen registros documentales recogidos por Eduardo Acosta y Lara en "La Guerra de los Charrúas" y en obras literarias como "Bernabé, Bernabé" de Tomás de Mattos.
El dirigente señaló la responsabilidad del Ejército, en complicidad con sectores de la Iglesia, y cuestionó las posturas que intentan relativizar la responsabilidad de Rivera, a quien sectores del Partido Colorado reivindican como apaciguador. La documentación disponible muestra que el operativo fue planificado para someter al pueblo charrúa en defensa de los intereses de los estancieros.
En ese marco, el PIT-CNT impulsa la creación de un cupo laboral obligatorio para descendientes indígenas, como política de acción afirmativa similar a las existentes para afrodescendientes y personas trans. Vaz recordó que la población con ascendencia indígena representa alrededor del 6%, aunque esa cifra sería mayor por subregistros en zonas rurales y periféricas. La memoria, concluyó, es también una herramienta educativa para las nuevas generaciones, como la jornada realizada en la escuela rural Vaimaca Perú, donde estudiantes compartieron una proclama sobre los hechos de Salsipuedes como forma de transmisión intergeneracional de la historia.