El Día Internacional de los Trabajadores en Puerto Rico tuvo este año un sabor especial. Cientos de personas, convocadas por decenas de organizaciones sindicales, marcharon para enfrentar a la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), ese organismo impuesto desde Washington que sigue recetando austeridad mientras el pueblo sufre. La protesta, que arrancó temprano, no solo reclamó contra los recortes, sino que puso sobre la mesa exigencias concretas: salarios justos y pensiones dignas para quienes han dado toda una vida laboral.
Las organizaciones sindicales unieron fuerzas para hacer de esta jornada un verdadero acto de resistencia colectiva. La JSF, creada bajo la Ley PROMESA, sigue siendo el símbolo del colonialismo financiero que asfixia a la isla. Los manifestantes dejaron claro que no aceptan más imposiciones que beneficien a los acreedores a costa del bienestar popular. La consigna fue una sola: basta de sacrificios impuestos.
En un contexto donde el régimen Trump amenaza con más aranceles y guerras comerciales que golpean a los pueblos, la lucha en Puerto Rico cobra aún más sentido. La solidaridad entre organizaciones y la fuerza de la calle demuestran que, frente al poder del capital, la unidad trabajadora sigue siendo la única respuesta posible.