La consigna fue clara y directa: "Se vive raspando el fondo de la olla". Con esa imagen potente, trabajadoras y trabajadores salieron a marchar este viernes para defender derechos laborales que se desmoronan día a día. No fue una celebración más: fue un grito de resistencia ante un sistema que empuja a las mayorías al límite de la subsistencia.
La jornada tuvo un fuerte contenido político. Las organizaciones sindicales y populares denunciaron que el ajuste neoliberal profundiza la precarización y el hambre. "Seguimos encendiendo el fuego de la lucha", corearon las columnas, dejando claro que no piensan rendirse frente a las políticas que benefician a unos pocos a costa del sufrimiento de muchos.
En cada esquina se escucharon reclamos por salarios dignos, trabajo estable y un Estado que garantice derechos y no que los arrebate. La marcha fue un espejo de la realidad cotidiana: familias enteras, jóvenes sin futuro, jubilados que ya no llegan a fin de mes. Todos unidos bajo una misma certeza: la olla está vacía, pero la dignidad no se negocia. La lucha sigue, porque cuando el fondo se raspa, solo queda mirar hacia arriba para reconstruir lo que intentan destruir.