HAMLET EN EL ABISMO: CUANDO SHAKESPEARE SE ANTICIPÓ AL EXISTENCIALISMO
Opinión

HAMLET EN EL ABISMO: CUANDO SHAKESPEARE SE ANTICIPÓ AL EXISTENCIALISMO

(★) .- El dramaturgo inglés exploró la angustia de vivir sin certezas divinas siglos antes de que el existencialismo fuera bautizado como corriente filosófica.

Hamlet no es técnicamente una obra existencialista, porque se escribió unos cien años antes de que esa corriente fuera inventada. Sin embargo, la necesidad de explicar nuestro lugar en el universo, que surgió con los nuevos conocimientos científicos del Renacimiento, ya estaba presente. Durante casi dos mil años, la cristiandad había proporcionado consuelo, certeza, propósito y guía moral. Cuando empezó a perder ese poder, se desató una gran crisis. Matthew Arnold la retrató en "Dover Beach": el mar de la fe, que antes envolvía la tierra como un cinturón brillante, ahora solo se escucha con un ruido melancólico, retirándose. El cosmos quedó despojado de todo consuelo.
El primer aspecto del existencialismo que aparece en Hamlet es la "tironeidad", concepto de Martin Heidegger. Significa estar arrojado en el universo sin haber sido creado por un dios personal que entienda quién sos y por qué estás acá. Hamlet sufre esa condición en dos niveles: el social, porque Dinamarca es un desastre —su padre asesinado, su madre casada con el asesino, su trono robado, su novia y sus amigos traicionándolo— y el cósmico, porque cuestiona la aleatoriedad de la existencia. "El tiempo está fuera de quicio", dice. Y ahí está el mensaje: no está cortado para ese mundo, y no sabe cómo curarlo.
La alienación también golpea fuerte. Hamlet está separado de la sociedad, de su familia y de sí mismo. Su único vínculo es Horacio, y no alcanza. Se aliena de su propia naturaleza porque no puede tolerar sus contradicciones internas: quiere vivir en la pureza apolínea, pero odia su costado dionisíaco, el cuerpo, el deseo. Le grita a Ofelia acusándola de ser sexy, porque odia esa atracción en él. Preferiría no existir antes que aceptar su ser terrenal. "El mundo es un jardín desmalezado", dice, y no quiere vida como vida, sino regularidad matemática impuesta.
La absurdidad aparece en la pregunta central: "Ser o no ser". Si el universo es indiferente y la vida no tiene significado, ¿por qué no suicidarse? Hamlet no lo hace porque teme lo que pueda venir después de la muerte, pero la duda ya está plantada. En la escena del cráneo de Yorick, se enfrenta a su propia mortalidad: el bufón que lo cargaba en la espalda ahora es puro hueso. La solución existencial aparece ahí: la vida estuvo llena de diversión, y solo porque termine en esto no significa que haya que abandonar el humor. La comedia es una respuesta a lo absurdo.