EL RITMO QUE NO SE BLOQUEA: TIMBALAYE CELEBRA LA RUMBA Y LA RESISTENCIA AFRICANA EN CUBA
Arte y Pensamiento

EL RITMO QUE NO SE BLOQUEA: TIMBALAYE CELEBRA LA RUMBA Y LA RESISTENCIA AFRICANA EN CUBA

(★) .- Entre el 20 y el 23 de agosto, Cuba fue escenario de una nueva edición del Festival Timbalaye: La Ruta de la Rumba, un encuentro que reafirma la herencia africana como patrimonio vivo. ¿Puede la alegría ser un acto de emancipación?

Según Brasil de Fato, el festival, fundado en 1999 por Ulises Mora e Irma Castillo, recorrió La Habana, Matanzas, Mayabeque y Camagüey con actividades culturales, académicas y comunitarias. Desde que la UNESCO declaró la rumba Patrimonio Cultural Inmaterial en 2016, el Timbalaye se consolidó como espacio central para su salvaguarda.
En diálogo con el medio, la cofundadora Irma Castillo explicó que el eje para 2026-2027 fue el cimarronaje. Lejos de ser solo fuga y autoliberación frente a la esclavitud, lo definió como construcción: en los palenques, los cimarrones crearon alternativas de vida, identidad y pensamiento que hoy constituyen patrimonio vivo.
Castillo destacó que el festival es una búsqueda de memoria colectiva y un ejercicio para imaginar el futuro con esperanza. La alegría, sostuvo, se transforma en resistencia y celebración de la vida. El espíritu del cubano es rumbero, afirmó, y cada danza es una oportunidad de vivir.
El Timbalaye integra el conocimiento académico con el saber popular, articulando estudios etnográficos con los saberes de los portadores de la tradición. Ese diálogo fortalece la pertenencia y la autoestima cultural, buscando que las nuevas generaciones reconozcan el valor de estas expresiones.
En el contexto actual, marcado por el bloqueo, el encuentro entre las personas humildes sigue siendo un espacio de resistencia. Castillo subrayó que el sistema de enseñanza artística crea las condiciones para estos encuentros. Lo que no puede ser bloqueado ni destruido, concluyó, es la espiritualidad. De esa memoria de resistencia, hecha música, danza y celebración colectiva, se nutre el Timbalaye, recordando que la raíz africana sigue latiendo en cada tambor.