CUANDO EL CINE APAGA SU PANTALLA PARA ENCENDER LA PALABRA COMUNITARIA
Cine

CUANDO EL CINE APAGA SU PANTALLA PARA ENCENDER LA PALABRA COMUNITARIA

(★) .- Una sala independiente de Saavedra convierte la proyección en un rito de encuentro donde el periodismo de investigación y la literatura incómoda se vuelven territorio de todos.

En un rincón de Saavedra, dentro del histórico Teatro Cabildo, una sala de apenas 50 localidades se niega a reducir el cine a una experiencia de consumo individual. Sala Lúcida, impulsada por las realizadoras Ana Fraile y María Laura Ruggiero, propone una programación que desborda el rectángulo luminoso: dos ciclos que convierten la butaca en punto de partida y no de llegada. La pantalla deja de ser refugio para la contemplación pasiva y se transforma en el umbral de una comunidad que se reúne a conversar, café de por medio, sobre las marcas de la historia y las verdades que incomodan.
El ciclo “Detrás de la primicia” desarma la cocina del periodismo de investigación con protagonistas de casos que marcaron la agenda nacional. María Fernanda Villosio reconstruye los sobornos de la ley Banelco; Hugo Alconada Mon expone las contradicciones del caso $LIBRA que salpica al presidente Javier Milei; Ivy Cángaro revela las filtraciones de la ANDIS; Diego Cabot detalla el circuito de sobornos de los cuadernos de Centeno; y Juan González indaga la psicología del mandatario. No se celebra nombres célebres sino que se muestra cómo se destapa el poder cuando hay oficio y valentía.
La literatura ocupa su trinchera con “Narrar la incomodidad”, un club de lectura que convoca a Luisa Valenzuela, Virginia Feinmann y Flor Monfort. Las tres autoras usan la ficción para interpelar la represión, el abuso y las marcas familiares, demostrando que la incomodidad es condición de la buena literatura. Leer juntos lo que duele convierte a la sala en un espacio de elaboración colectiva del malestar.
La escala del microcine permite lo que los grandes complejos comerciales cancelaron: la cercanía entre quienes hacen las películas y quienes van a verlas. Cada función se expande en conversaciones con directores, música en vivo e intervenciones pensadas para cada título. Esta lógica artesanal de la exhibición, curada y hospitalaria, inscribe a Sala Lúcida en la tendencia internacional de los microcinemas, donde el arte no se consume sino que se habita. La experiencia comienza en la pantalla grande pero continúa cuando el proyector se detiene y la palabra queda encendida, tejiendo un lazo que ninguna plataforma digital puede replicar.