American Doctor sigue a tres cirujanos: Mark Perlmutter, Feroze Sidhwa y Thaer Ahmad. Tratan niños palestinos en Gaza, vuelven a Estados Unidos y convierten esa experiencia en material público: medios, conferencias, presión en el Congreso. El Gene Siskel Film Center sostuvo tres funciones con localidades agotadas y ovación de pie.
Ahí hay una disputa que el periodismo cultural suele esquivar: qué se exhibe, quién decide y para quién. Este documental no esperó plataformas ni festivales de prestigio. Se proyectó donde había cuerpo presente, preguntas y pañuelos.
En el intercambio posterior, moderado por Zildani Sulufa, Ahmad dijo que Chicago es la casa de la diáspora palestina y que ya van cuatro generaciones en Chicagoland. Recordó la resolución del Concejo municipal de enero de 2024 pidiendo un alto el fuego en Gaza: 23 a 23 y el voto de desempate del alcalde Brandon Johnson. Chicago quedó como la ciudad más grande del país en tomar esa posición, siete meses antes de recibir la Convención Demócrata. Ahmad lo atribuyó a la presión de la comunidad y sus aliados.
Sidhwa, antes, había hablado ante un grupo pequeño de Healthcare Workers for Palestine en el Unity Center, sobre Halsted. Mostró radiografías de bebés con balas de francotirador alojadas en el cráneo, escena que después circuló por YouTube y TikTok. Dijo que las fuerzas israelíes habían disparado a más niños en Gaza que en cualquier otro conflicto donde había atendido pacientes. También hizo reír, y siguió a una mujer que salió llorando para ofrecerle sus apuntes.
El documental no se queda en la sala. Preguntado sobre qué puede hacer la gente común, Ahmad mencionó las elecciones de otoño y la carrera por el Senado en Michigan, donde Abdul El-Sayed habla de sacar el dinero de la política y de los fabricantes de armas israelíes. No lo endorsó, dijo que sería lindo que fuera senador.
Al final, un espectador se describió como "sionista cristiano en recuperación". Criado por misioneros, contó que perdió amigos por su postura y que su madre bromeó sobre su teléfono. Sulufa respondió que hay un precio y un riesgo en sostener lo que se cree, y que mucha gente ha estado dispuesta a pagarlo.