Los archivos no la tienen cantando. No hay video en buena calidad donde Flor Pucarina interprete «Tú no más tienes la culpa» o «Airampito», y el documental de Geraldine Zuasnábar, también oriunda de Huancayo, se las arregla con fotografías y testimonios. La ausencia duele, pero dice algo: la memoria popular no siempre se conserva en soportes comerciales. Se conserva en el cuerpo de quienes la escucharon. Los más exigentes reclamarán presenciar alguna performance de clásicos como «Sola siempre sola», «Llorando a mares» o «Pichiusita». Al parecer no existen.
Paula Chávez Rojas vivió 52 años y murió en octubre de 1987. Llegó migrante desde Pucará a La Parada, en Lima, y allí la descubrieron. Se impuso a los hombres que la amaron, mantuvo amistades con la comunidad LGTB cuando eso era escándalo, y se volvió leyenda. El filme reconstruye ese mito sin apuro, con una pesquisa en archivos fotográficos y audiovisuales. La mujer de carácter indomable que dejó huella y goza de homenajes en su tierra de origen.
Sandro Mairata, autor de la reseña, marca una diferencia con otras biografías comerciales. «Flor Pucarina: Rebelde hasta los huesos» se emparenta más con el registro sereno de «La danza de Los Mirlos» que con el oportunismo de mercado. Hay una intención de trascender, escribe. Y en el cierre queda una imagen de rebelión sin adornos: la identidad como proclamación, la música como arma de memoria, el cuerpo entero escuchando.
Los homenajes en su tierra de origen siguen. Para cualquier melómano de lo andino, la experiencia es necesaria. Que era algo que la misma Flor Pucarina hacía cada vez que subía al escenario.