LA CRUZ Y LA ESPADA: COLOMBIA ENTRA AL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS Y ENTIERRA LA NEGOCIACIÓN
Reflexión | Analisis Político

LA CRUZ Y LA ESPADA: COLOMBIA ENTRA AL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS Y ENTIERRA LA NEGOCIACIÓN

(★) .- A un mes del giro hacia la extrema derecha, la analista Consuelo Ahumada advierte que la motosierra en Colombia no corta el Estado sino que desentierra las matanzas paramilitares.

La doctrina de seguridad nacional que el régimen Trump anunció en diciembre ya preparaba el terreno. Planteaba reconquistar el hemisferio occidental con la vieja doctrina Monroe como bandera. Ahí se inscribieron el cerco al Caribe, la invasión a Venezuela, el secuestro de Maduro y las amenazas contra el entonces presidente Gustavo Petro. El 7 de marzo, en Miami, se celebró la cumbre que dio origen al Escudo de las Américas, un bloque militar con dos objetivos: la lucha contra el narcotráfico, que en el lenguaje de Trump equivale a la lucha contra el terrorismo y contra la izquierda, e impedir el ingreso de China y otros gobiernos a la región. Colombia no era un país amigo.
El giro llegó con las elecciones. Cinco días después de asumir, el 12 de agosto, Abelardo de la Espriella ingresó como miembro número 19 al Escudo de las Américas y autorizó operaciones militares conjuntas con Estados Unidos en territorio colombiano. Para Consuelo Ahumada, doctora en Ciencia Política e investigadora de la Universidad del Externado, esto no es solo un cambio de política exterior. Es un punto de quiebre.
La analista lo dice con una precisión que desarma cualquier lectura ingenua. Cuando en Argentina se evoca la motosierra, se piensa en el recorte del Estado. Cuando se evoca en Colombia, se piensa en las matanzas paramilitares del prolongado conflicto armado. El recorte de la inversión pública y social, la agenda neoliberal renovada y el recrudecimiento de la guerra vienen en el mismo paquete.
Ahumada enumera lo que el nuevo gobierno ya hizo en un mes. Amenazó a las comunidades campesinas que recibieron tierra en el primer punto del acuerdo de paz con las FARC, que este año cumple diez años. Desconoció la Jurisdicción Especial para la Paz, un modelo elogiado por la Corte Penal Internacional. Anunció que se retirará de las Naciones Unidas y de ese tribunal. Cerró las emisoras de paz de la radio pública. Y exhibió el horror: armó una puesta en escena con bolsas de cadáveres para que desfilara entre ellas, delante de las madres y las familias, violando las normas mínimas del derecho internacional humanitario. Al final gritó ¡viva Cristo Rey!
La fusión de la cruz y la espada, dice la investigadora, define esta época. El presidente habló de destripar a la izquierda y ha venido cumpliendo. Cuando autoriza matar por sospechas o por indicios, llama a los grupos de ultraderecha a hacer lo mismo con impunidad. El mapa regional que dibuja ese eje es inquietante: la región andina entera en manos de la ultraderecha, algo que no se vivía desde el siglo pasado. Y Brasil, con elecciones inminentes, enfrenta el mismo despliegue de tecnofascismo, la manipulación de la opinión pública con alta tecnología.
Sobre la estrategia de bombardeos y aspersión con bioherbicidas, Ahumada es tajante. El Plan Colombia fracasó: los cultivos se incrementaron. Petro intentó lo contrario, dar opciones a los campesinos sembradores, invertir en obras y servicios sociales. Esto es atacar a la población civil y aumentar las víctimas. A eso se suma el fracking en una época en que el fenómeno de El Niño ya está confirmado, con sequías que golpearán fuerte al país. Y el favorecimiento a los grandes terratenientes ligados al paramilitarismo consolida su poder sobre la tierra en el país con mayor concentración rural de América Latina, una de las causas determinantes del conflicto.
El panorama no deja margen para la ambigüedad. Ahumada llama a construir un frente amplísimo, incluso con fuerzas que no son de izquierda, para salvar primero el Estado de derecho. El fascismo histórico durante la Segunda Guerra Mundial promovió alianzas de sectores opuestos con ese mismo fin. En Colombia, dice, hay que fortalecer el Pacto Histórico y desde ahí convocar a un acuerdo mayor. Porque no hay salida distinta a la negociación.