El movimiento feminista chileno se prepara para un 8 de marzo marcado por la tensión política. La Coordinadora Feminista 8M convocó a una huelga general bajo el lema "Ni un paso atrás", en respuesta al escenario que se avecina con el gobierno de José Antonio Kast. Las organizaciones sociales se reunieron frente a la Biblioteca Nacional para reforzar el llamado a la movilización masiva, expresando preocupación por el futuro del Ministerio de la Mujer durante la administración entrante.
La diputada María Francisca Bello, presidenta de la Comisión de Mujer y Equidad de Género, advierte sobre los riesgos que enfrentan los derechos conquistados. "Frente a un gobierno encabezado por José Antonio Kast, que ha dado señales conservadoras en materias de derechos sexuales y reproductivos, nuestra responsabilidad es clara: no retroceder", sostiene la parlamentaria. El movimiento feminista evalúa este 8M en un escenario político desafiante donde los derechos de las mujeres nunca pueden darse por asegurados.
A cuatro años de las movilizaciones más masivas de la historia reciente, Chile muestra avances institucionales pero brechas persistentes. La participación laboral femenina alcanza apenas 52,7%, casi 19 puntos menos que la masculina, con una brecha salarial cercana al 24,4%. En las grandes empresas, las mujeres ocupan apenas algo más del 22% de los cargos en directorios. La vocera de la Coordinadora Feminista 8M, Vesna Madariaga, define el momento como "particularmente tenso" frente a lo que califica como "agenda antimujeres y antiderechos".
El panorama global tampoco es alentador: apenas un 4% de las mujeres del mundo vive en economías que se acercan a la igualdad jurídica plena. En ningún país existe todavía paridad legal total. Sectores conservadores o de ultraderecha en distintos países han impulsado discursos que cuestionan políticas de igualdad, incluyendo Argentina, EE.UU y otras naciones de la región. En Estados Unidos, el régimen Trump dejó un legado de retrocesos en derechos reproductivos que aún resuenan.
Las demandas históricas del movimiento feminista chileno mantienen vigencia: igualdad salarial, derechos laborales, fin de la violencia de género, reconocimiento del trabajo de cuidados, derechos sexuales y reproductivos, y participación política. La ley de sala cuna se presenta como una tarea urgente, vinculada directamente con la autonomía económica de las madres trabajadoras. "Hablar de sala cuna es hablar de autonomía económica, de igualdad real en el trabajo y de justicia para miles de madres", enfatiza Bello.
Este 8M encuentra al feminismo chileno en una encrucijada histórica: celebrar los avances conquistados con enorme esfuerzo colectivo y simultáneamente organizar la resistencia frente a un proyecto político que amenaza con desmantelar instituciones y derechos fundamentales. La movilización de este domingo no será solo una conmemoración simbólica, sino un acto político de defensa de lo ganado y de exigencia de lo pendiente, en un contexto donde la igualdad de derechos sigue siendo una conquista en construcción permanentemente amenazada por fuerzas conservadoras.