CARBONO COLONIAL: LOS MERCADOS VERDES QUE DESPOJAN A LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Extractivismo

CARBONO COLONIAL: LOS MERCADOS VERDES QUE DESPOJAN A LOS PUEBLOS INDÍGENAS

(★) .- La disputa por los territorios amazónicos se viste de lenguaje climático y financiero.

En Ecuador, los mercados de carbono se presentan como solución climática pero encubren una nueva forma de extractivismo colonial. Bajo el discurso de la "compensación ambiental", grandes contaminadores compran bonos que convierten los bosques indígenas en activos transables, perpetuando el modelo que destruye los territorios. El gobierno ecuatoriano impulsa aceleradamente el Programa Ecuador Carbono Cero y mecanismos REDD+, adecuando su institucionalidad para facilitar la entrada al negocio global del carbono.
Esta mercantilización de la naturaleza representa una sofisticada forma de despojo donde la capacidad de los bosques para capturar carbono se transforma en commodity. Los pueblos indígenas, guardianes históricos del 70% de las tierras mejor conservadas, quedan excluidos de los beneficios económicos. Leonidas Iza, expresidente de CONAIE, denuncia que "quienes están tras los mercados de carbono son las mismas industrias que contaminan".
En febrero de 2026, más de 80 líderes indígenas de Ecuador y otros países latinoamericanos se reunieron en Puyo para analizar críticamente estos mecanismos. Pashpanzhu Vitery, vicepresidenta de la Nacionalidad Kichwa de Pastaza, advirtió sobre el riesgo de que los mercados de carbono se conviertan en "una nueva estrategia de neocolonización", continuando ciclos históricos de saqueo como el caucho, la minería y el petróleo.
El encuentro identificó líneas estratégicas para defender la autonomía territorial: fortalecer diálogo comunitario, consolidar economías propias basadas en chakras y turismo comunitario, y desarrollar sistemas de comunicación indígena. La filosofía del Sumak Kawsay fundamenta esta resistencia, cuestionando la imposición de lógicas de mercado sobre formas de vida ancestrales.
Los mercados de carbono no transforman el modelo extractivo sino que lo hacen compatible con nuevos negocios "verdes", manteniendo intactas las estructuras de poder que generan la crisis climática. La verdadera disputa no es técnica sino política: quién controla los territorios, quién define el valor de la naturaleza y quién se beneficia del desastre ambiental.