La recesión no da tregua y se cobró una nueva víctima en el norte argentino. Fruta Store, la emblemática tienda de indumentaria urbana y diseño independiente de Salta, cerró sus puertas después de diez años de actividad. La combinación letal de costos disparados, alquileres imposibles y un consumo popular licuado por la pérdida del poder adquisitivo terminó por quebrar la resistencia del comercio.
El dueño del local comunicó la noticia a través de redes sociales, donde explicó que sostener la estructura del negocio se volvió inviable frente al fuerte deterioro económico que atraviesa el rubro textil. "Fueron años de crecimiento, aprendizaje y sobre todo, de comunidad", expresó el comerciante, agradeciendo a clientes, artistas y colaboradores que acompañaron el proyecto durante una década.
Fruta Store no era solo un local de ropa. Se había convertido en un punto de encuentro para la escena urbana salteña, especialmente para jóvenes vinculados al BMX, el diseño alternativo y la cultura independiente. Su cierre representa la pérdida de un espacio de pertenencia y referencia cultural en la provincia. "No solo dejamos un recorrido comercial, sino también vínculos y miles de experiencias", señalaron desde la marca en su despedida, mientras clientes y seguidores definieron el hecho como "el fin de una era".
El caso de Fruta Store no es aislado. Refleja una problemática que se replica en todo el país: las pymes textiles, especialmente los emprendimientos independientes, son las primeras en caer bajo el peso de una política económica que prioriza el ajuste sobre el mercado interno. La crisis ya no distingue rubros ni territorios, y cada persiana que baja es un golpe más a la trama social y cultural de las comunidades.