La campaña "Remar Contracorriente por el Agua, la Vida y la Soberanía" navega por los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay en una gesta que replica en toda América Latina. Este movimiento socioambiental, organizado por más de 180 organizaciones y apoyado por la Red Eclesial Justicia y Paz en la Patria Grande, denuncia el avance extractivista que amenaza los recursos hídricos continentales. La iniciativa, que llegó a Goya y Paraná con flotadas masivas, se inspira en la remada histórica de Luis "Cosita" Romero y Raúl Rocco hace treinta años.
El dragado del Paraná a 44 pies representa una amenaza ecológica sin precedentes. Martha Arriola, referente de la campaña, advierte que esta licitación privatizadora "va a secar los humedales más importantes del continente" y generará "crímenes ambientales". La remoción extraordinaria de sedimentos alteraría irreversiblemente el ecosistema, afectando a comunidades enteras que dependen del río para su subsistencia. Las acciones judiciales presentadas hasta ahora enfrentan rechazos, pero la lucha escala en los tribunales.
La resistencia se expande por toda la región. En Perú, la comunidad Kukama enfrenta derrames petroleros en la Amazonía. Bolivia organiza limpiezas de ríos, Chile suma a Modatima en la defensa hídrica, y Brasil celebra que el presidente Lula retrocediera en medidas similares tras protestas en el río Tapajós. Ecuador, Panamá, Guatemala y Uruguay se suman con acciones que visibilizan cómo el modelo extractivo contamina y reduce los caudales. Esta articulación continental responde a lo que Arriola define como "intereses financieros y económicos de grupos pequeños que lucran con el bienestar de nuestros pueblos".
La travesía culminará el 22 de marzo en Rosario, Día Mundial del Agua, pero la lucha continuará todo el año. El legado del Papa Francisco, quien apoyó estas causas, inspira la construcción de "un multilateralismo desde abajo" frente a lo que las organizaciones califican como "crisis civilizatoria sin precedentes". La defensa del Paraná se entrelaza así con las batallas por la soberanía hídrica en toda la Patria Grande, demostrando que cuando los pueblos reman juntos contra la corriente, la marea puede cambiar.