Unos 200 feligreses se congregaron en la plaza Divino Salvador del Mundo para conmemorar el 46 aniversario del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero. La "procesión de la luz" iluminó la noche capitalina con velas que sostenían retratos del arzobispo asesinado el 24 de marzo de 1980. Los asistentes escucharon fragmentos de sus homilías, esas palabras que le valieron el título de "La voz de los sin voz". El cardenal Gregorio Rosa Chávez, colaborador cercano de Romero, subrayó la importancia de mantener viva la memoria histórica: "Sin memoria no hay futuro".
La ceremonia ocurre en un contexto político que debería avergonzar a cualquier democracia. Los mismos sectores que planificaron y ejecutaron el magnicidio hoy ocupan espacios de poder o gozan de impunidad heredada. El Informe de la Comisión de la Verdad de la ONU de 1993 señaló como autor intelectual al mayor Roberto D'Aubuisson, fundador de la extrema derecha salvadoreña, junto a otros militares y colaboradores civiles. El caso judicial, reabierto en 2017, permanece estancado en la Fiscalía General sin avances significativos.
Romero fue asesinado por un escuadrón de la muerte de extrema derecha cuando oficiaba misa en la capilla del hospital La Divina Providencia. Su crimen marcó el inicio de una guerra civil que dejó 75.000 víctimas. Canonizado en 2018 por el papa Francisco, su figura trasciende lo religioso para convertirse en símbolo de resistencia popular. La consigna "Monseñor Romero vive, y camina junto a su pueblo" resonó durante la conmemoración, recordando que su legado sobrevive en la lucha colectiva.
La paradoja resulta obscena: quienes ordenaron callar para siempre a la voz de los oprimidos hoy dictan políticas desde instituciones que deberían garantizar justicia. Esta contradicción expone las limitaciones de una transición democrática que nunca completó su tarea de desmantelar estructuras de poder criminal. La memoria, como esas velas en la noche salvadoreña, sigue ardiendo contra el olvido sistemático que pretende normalizar la convivencia con los verdugos.