LA MISMA MANO QUE ACUSABA HOY ENTREGA
Reflexión | Analisis Político Destacado

LA MISMA MANO QUE ACUSABA HOY ENTREGA

(★) .- Lo que Delcy le gritaba a María Corina hace unos años, hoy lo firma ella misma, y el pueblo mira sin que nadie le pregunte. Lo analiza en un video comunicacional el pensador descolonial Ramón Grosfoguel.

El video es viejo, pero duele como si fuera de hoy. Ahí está Delcy Rodríguez, con el dedo levantado, marcando a María Corina: “entreguista”, “entregar el Esequibo”, “entregar el petróleo, el gas, el oro, la bauxita, los diamantes”, “pisotear la dignidad histórica”. Palabras que ardían en su boca como brasas. Y uno mira ese video y después mira lo que pasa ahora, y le queda un gusto raro, como de comida que se enfrió en el plato.
Porque la que hoy está al frente del gobierno encargado, la que negocia con el imperio, es la misma que ayer acusaba a la otra de venderse a los amos del norte. Y no es que haya cambiado de opinión: es que está haciendo lo que denunciaba. La entrega del petróleo, de los 65 mil millones de barriles, eso que ella decía que María Corina iba a hacer si llegaba al poder, lo está haciendo ella ahora, desde el poder. Entonces uno se pregunta, y no es una pregunta de libro, es una pregunta de patio: ¿para qué se está en el poder? ¿Para transformar, para liberar, para sembrar justicia? ¿O simplemente para quedarse, cueste lo que cueste, aunque haya que entregar la tierra, el agua, el monte, todo?
El discurso de Delcy ahora es otro. Ya no habla de imperialismo, habla de bonanza. Celebra como quien celebra una cosecha que todavía no sembró. Dice que van a venir 209 mil millones de dólares, que Venezuela va a desarrollarse, que esto es un acuerdo soberano. Pero no dice, y ahí está el engaño, que ese dinero no va a llegar a las arcas del pueblo. Va a parar a una cuenta en un banco de los Estados Unidos, administrada por el tesoro de ellos. Venezuela no puede comprar lo que quiera, ni vender a quien quiera, ni decidir nada. Tiene que pedir permiso. Como quien pide permiso para entrar a su propia casa.
El intelectual Luis Brito García lo explica claro: hay una orden ejecutiva, la 14373, que dice que cualquier ingreso de Venezuela por minerales, por petróleo, por cualquier rubro, no va al presupuesto nacional, sino directo al tesoro de los Estados Unidos. Y aunque digan que esos bienes son propiedad de Venezuela, si no se puede usar, ni gozar, ni disponer de ellos, la propiedad es puro nombre, puro papel mojado. Eso no es soberanía, es otra cosa. Tiene nombre, pero parece que a los de arriba les cuesta decirlo.
Y lo más grave, lo que más pesa, es que al pueblo no se le consulta. No hubo referéndum, no hubo pregunta, no hubo asamblea. Los acuerdos se hacen de cúpula a cúpula, entre la elite de allá y la elite de acá. Como se hizo siempre, como se hacía antes, como si nada hubiera cambiado. Fidel, en los años duros de Cuba, le hablaba a su pueblo con la verdad, le decía que no había otra salida, que había que aguantar. Acá no: acá se vende humo, se celebra la derrota como si fuera victoria, se le dice al pueblo que viene la lluvia cuando el cielo ya está seco.
El tiempo dirá, y el pueblo también. Porque la tierra no se entrega con un discurso, ni la dignidad se firma en un papel. Y cuando la gente se entere de que ese dinero no lo va a ver, que las migajas van a quedar en manos de otros, va a haber que dar explicaciones. Pero las explicaciones no se le dan al que ya se fue, se le dan al que se queda esperando. Y el pueblo venezolano, como siempre, está esperando.