En las dos notas anteriores nos metimos en el quilombo: primero con Hegel y su Tinder filosófico, después con Castro-Gómez y la colonialidad del ser. Pero falta dar un paso más incómodo. Porque si Hegel te dijo que necesitás otro para ser alguien, y Castro-Gómez te mostró que ese "otro" siempre fue el colonizador disfrazado de universal, ahora hay un chileno que te mira desde Santiago y te dice la posta con una precisión que corta: no es que nadie te reconozca. Es que tu deseo de ser reconocido ya fue colonizado antes de que lo sintieras.
Ese chileno es Carlos Pérez Soto, profesor de física convertido en uno de los marxistas hegelianos más incómodos de Latinoamérica, y tiene una frase que debería estar tatuada en la frente de todo community manager: "Todo deseo lo que el deseo desea es subjetividad, la subjetividad de otro" . Traducción al criollo: cuando abrís Instagram y esperás el like, no estás pidiendo atención. Estás pidiendo que alguien te devuelva una subjetividad que el sistema te robó de entrada. Y como el sistema sabe esto, te vende el reconocimiento en cuotas.
Pérez Soto lee a Hegel con lentes marxistas y no se queda en la poesía de la dialéctica del amo y el esclavo. Para él, el asunto es más grave: el capitalismo tardío no se contenta con explotarte en el trabajo. Te explota en el deseo. La derecha argentina —esa que cita a Hegel en Twitter mientras le pide dólares al FMI— entendió mal el asunto, como siempre. Interpretó el reconocimiento como una cuestión de mercado: más seguidores, más validación, más "autoconciencia" en cifras. Pero Pérez Soto te frena: el problema no es la cantidad de likes. Es que el deseo mismo está estructurado por una lógica que te hace desear ser deseado por el otro que domina .
¿Y quién es ese otro que domina? En 2026 no es el señor feudal ni el patrón de la fábrica. Es el algoritmo. Es la plataforma. Es el dueño de los medios de producción digital que te ofrece reconocimiento a cambio de tu tiempo, tu atención, tu subjetividad. Vos publicás tu "yo", esperás que el otro te devuelva un pedacito de existencia, y el algoritmo cobra comisión por la transacción. No es que no te den like: es que el like que te dan nunca va a ser suficiente, porque fue diseñado para que nunca lo sea. El deseo, en el capitalismo tardío, es un motor de consumo infinito disfrazado de búsqueda de identidad.
Acá Pérez Soto mete una distinción que le rompe la cabeza a la izquierda tradicional. La izquierda sigue pidiendo reconocimiento de las diferencias: identidades, diversidades, visibilidades. Y el sistema, astuto, se las da. Te pone el arcoíris en el logo de la corporación, te vende "inclusión" en un paquete de suscripción, te ofrece un filtro para que te reconozcan como lo que sos. Pero Pérez Soto te advierte: "Cuando la dominación clásica podía dar homogeneidad y aumento en los niveles de consumo, el movimiento obrero pidió igualdad y consumo. Ahora que el sistema de dominación puede producir y manipular diferencias, la oposición pide el reconocimiento de las diferencias. Siempre, la mayor parte de la oposición, se ha limitado a pedir lo que el sistema puede dar" .
Es decir: pedir que te reconozcan en Tinder, pedir que te validen en Instagram, pedir que el algoritmo te vea, es pedirle al capitalismo tardío exactamente lo que está diseñado para darte. Y dártelo mal. Dártelo en forma de like vacío, de match que no conversa, de seguidor que es un bot. La trampa no es que no te reconozcan. La trampa es que te enseñaron a medir tu subjetividad en función de un reconocimiento que el sistema controla.
¿Y qué propone Pérez Soto? No la vuelta a una comunidad pura, no el autonomismo romántico, no la fantasía de borrar Instagram y volver a la tribu. Eso, para él, es más new age que revolución. Lo que propone es otra cosa, más difícil de tuitear: una política que pida lo que el sistema no puede dar. Universalidad. No el reconocimiento de tu diferencia, sino la construcción de una humanidad común donde el reconocimiento deje de ser mercancía .
La izquierda argentina, entre un ajuste del FMI y otro, sigue discutiendo si el like es o no es reconocimiento hegeliano. Pérez Soto te dice que se están quedando en la pregunta equivocada. No se trata de si el like es auténtico o falso. Se trata de que el deseo de ser reconocido ya es un producto del capitalismo tardío, y que mientras sigas pidiendo que te reconozcan desde la lógica del algoritmo, vas a seguir siendo el esclavo que Hegel describió, solo que ahora el amo no te mira a los ojos: te mira a través de una pantalla, y cobra por cada mirada.
La derecha, por supuesto, no entiende nada. Para ellos, Pérez Soto es otro "zurdo resentido" que habla de subjetividad en vez de invertir en dólares. Pero si leyeran —cosa que no van a hacer— descubrirían que el chileno les está haciendo un favor: les está mostrando que ni siquiera ellos son libres. El empresario que acumula seguidores, el influencer que vende cursos de autoayuda, el político que compra bots para inflar sus métricas: todos están atrapados en la misma lógica. Su deseo de ser reconocidos como "amo" también depende del algoritmo. El dueño de los medios de producción digital no es más libre que el community manager que labura por dos mangos. Los dos desean la subjetividad del otro, y los dos la reciben en forma de cifra que nunca cierra.
Entonces, ¿qué queda? Pérez Soto no te dice que dejes de desear. Te dice que mires de cerca cómo tu deseo fue formado, que hagas la genealogía de tu propia necesidad de ser visto. Y que, desde ahí, empieces a construir un reconocimiento que no pase por el like, ni por el seguidor, ni por el algoritmo. Un reconocimiento que no sea intercambio de atención, sino construcción de una subjetividad que no necesite permiso para existir.
Hegel necesitaba que alguien le comprara los libros. Castro-Gómez necesitaba que alguien leyera desde fuera del punto cero colonial. Y Pérez Soto te dice, sin vueltas: el problema no es que nadie te dé like. El problema es que todavía creés que el like es el camino para ser alguien. El capitalismo tardío te vendió ese deseo, te lo inyectó en la subjetividad, y ahora cobra por cada dosis. La pregunta no es si te van a reconocer. La pregunta es si vas a seguir necesitando que te reconozcan desde la misma máquina que te vació.
O, para decirlo con el chileno: tu deseo no es tuyo huevón. Y hasta que no entiendas eso, cada like va a ser una gota de agua en un vaso que el algoritmo diseñó para que nunca se llene.