(★) .- La filósofa italiana-mexicana Francesca Gargallo lo resume sin vueltas: no hay sociedad más antifemenina que la capitalista. Y si pensabas que el problema era que nadie te reconocía en Tinder, esperá a ver quién paga la factura de tu deseo.
En las notas anteriores nos fuimos armando el rompecabezas: comenzamos tarareando a Silvio y nos chocamos con Hegel, nos dijo que necesitamos otro para ser alguien; Castro-Gómez mostró que ese "otro" siempre fue el colonizador disfrazado de universal; y Pérez Soto cerró la puerta con una pregunta incómoda: ¿y si tu deseo de ser reconocido ya fue formado por el capitalismo antes de que lo sintieras? Pero falta una pieza. Porque si todo eso es cierto, hay alguien que viene cargando la factura desde siempre y nadie le pregunta el nombre: la mujer. Y hay una filósofa que lleva décadas gritando que el reconocimiento que pedimos en Instagram no es gratis, que alguien lo paga con trabajo no remunerado, con cuerpo, con tiempo robado. Esa es Francesca Gargallo, italiana de nacimiento, mexicana por elección, feminista latinoamericana de verdad.
Gargallo tiene una frase que debería estar en la bio de toda influencer que vende "empoderamiento" desde un iPhone: "No hay sociedad más antifemenina que la capitalista" . Traducción: cuando abrís Instagram y esperás que el algoritmo te reconozca como sujeto, no estás jugando una partida neutral. Estás reproduciendo un sistema que necesita que alguien —históricamente, las mujeres— haga el trabajo de cuidado, de reproducción, de sostén emocional, para que vos puedas dedicarte a ser visto. El capitalismo tardío no solo te vende el deseo de reconocimiento: te lo vende a costa del trabajo no remunerado de otras. Y como eso no entra en las métricas del like, nadie lo ve.
La derecha argentina, obvio, no entiende nada. Para ellos, Gargallo es otra "zurda resentida" que habla de patriarcado en vez de invertir en dólares. Pero si leyeran —cosa que no van a hacer— descubrirían que la italiana les está haciendo la crítica más devastadora posible. Porque ella no dice que el capitalismo sea "malvado" con las mujeres. Dice algo peor: que el capitalismo no puede existir sin la explotación del trabajo femenino . El sistema necesita que alguien cuide, alimente, reproduzca, sostenga, para que el otro pueda producir, acumular, ser reconocido. Y como ese trabajo no entra en el PBI, no existe. Es invisible. Como el like que no te dieron, pero al revés: es el trabajo que hacen para que vos puedas pedir el like.
¿Y el feminismo hegemónico? Gargallo lo mira con la misma desconfianza que mira al FMI. Dice que hay un feminismo que "no cuestiona al sistema capitalista como tal", que se conforma con leyes a favor de la mujer pero termina siendo "cómodo o funcional al sistema que genera tales desigualdades" . Traducción: el feminismo que pide equidad dentro del capitalismo, el que pide que te reconozcan como sujeto individual en Tinder, el que pide que el algoritmo sea "inclusivo", está pidiendo exactamente lo que el sistema puede dar. Y lo que el sistema puede dar siempre viene con un precio oculto: la asimilación del mundo femenino al mundo masculino, la masculinización de los intereses, la conversión del deseo en dato de mercado.
Acá Gargallo mete una distinción que le duele a la izquierda argentina. Porque la izquierda sigue pidiendo reconocimiento de las diferencias: identidades, diversidades, visibilidades. Y el sistema, astuto, se las da. Te pone el arcoíris en el logo de la corporación, te vende "inclusión" en un paquete de suscripción, te ofrece un filtro para que te reconozcan como lo que sos. Pero Gargallo te advierte: ese feminismo "ha desechado la organización espontánea de las mujeres, neutralizándola en Organismos No Gubernamentales, fundaciones, academias, partidos" . Es un feminismo que no construye autonomía sino que pide equidad, asimilando el mundo femenino al masculino, dentro de un sistema que publicita ser "el único sistema que funciona" .
¿Y qué pasa con el deseo? Si Pérez Soto nos dijo que todo deseo lo que desea es la subjetividad de otro, Gargallo agrega: y esa subjetividad de otro la pagó una mujer con trabajo no reconocido. Cuando vos esperás el like en Instagram, no estás solo pidiendo reconocimiento. Estás reproduciendo la lógica del individuo moderno que Gargallo describe con precisión quirúrgica: "El/la individua de la modernidad emancipada es un ser socialmente disciplinado, que controla su cuerpo y sus emociones, y que entra en relación con lo/as otro/as individuo/as sólo por motivos prácticos" . Vos querés que el otro te reconozca como sujeto, pero nunca te preguntaste quién lavó los platos, quién cuidó a los pibes, quién hizo el trabajo emocional para que vos tengas tiempo de ser "autoconciencia" en una pantalla.
El capitalismo tardío, leído con lentes de Gargallo, no es solo un algoritmo de Tinder que deforma el reconocimiento hegeliano. Es un sistema que necesita que el reconocimiento sea mercancía, porque así puede seguir invisibilizando el trabajo que lo sostiene. El dueño de la plataforma no es el amo de Hegel: es alguien que acumula seguidores mientras una mujer racializada limpia su oficina por dos mangos. Y el community manager que labura por dólares en Miami no es más libre: también está atrapado en la lógica del individuo moderno que mide su dignidad en likes, mientras alguien, en algún lado, paga el costo de su visibilidad.
La izquierda argentina, entre un ajuste del FMI y otro, sigue discutiendo si el like es o no es reconocimiento. Gargallo te dice que se están quedando en la pregunta equivocada. No se trata de si el algoritmo te reconoce como sujeto. Se trata de que el sistema que te vende ese reconocimiento es el mismo que niega la racionalidad al pensamiento de las mujeres, la individualidad a sus artes, la universalidad a su política, la politicidad a sus relaciones . Pedirle reconocimiento al capitalismo tardío es como pedirle a un depredador que te valore como persona. El problema no es que no te den el crédito; es que te enseñaron a medir tu dignidad en una moneda que fue acuñada con tu propia explotación.
¿Y qué propone Gargallo? No el empoderamiento individual, no el "sé tu propia jefa" de las redes, no la fantasía de que si tenés suficientes seguidores vas a ser libre. Ella apunta a otra cosa, más difícil de convertir en reel: las mujeres se ven una en el espejo de la otra y actúan para que se reconozcan sus producciones, sus artes, sus ideas . No es el reconocimiento del algoritmo. Es el reconocimiento mutuo entre mujeres, en condiciones que no sean de sometimiento, que no pasen por la lógica del individuo moderno competitivo, que no necesiten la validación de un sistema construido para negarlas.
Hegel necesitaba que alguien le comprara los libros. Castro-Gómez necesitaba que alguien leyera desde fuera del punto cero. Pérez Soto necesitaba que entendieras que tu deseo no es tuyo. Y Gargallo te dice, sin vueltas: el problema no es que nadie te dé like. El problema es que el sistema que te vende el like fue construido sobre el trabajo no remunerado de las mujeres, y todavía le pedís reconocimiento. El capitalismo tardío te ofrece visibilidad a cambio de tu subjetividad, pero nunca te dice que esa visibilidad fue posible porque otra mujer, en algún rincón de Abya Yala, está haciendo el trabajo que a vos te permite soñar con ser visto.
O, para decirlo con la italiana: no hay sociedad más antifemenina que la capitalista. Y todavía le pedís que te reconozca.